Entradas

Tous les garçons et les filles (1962), Françoise Hardy: la tristeza también puede vestir de blanco y negro

No controles, Olé Olé (1983): el himno que nos enseñó que la libertad también se podía bailar

Desesperada (1993), de Marta Sánchez: el desamor aprendió a bailar sin perder la dignidad

Dígale (2002), de David Bisbal: cuando pedir perdón cantando parecía una estrategia mucho más eficaz que enviar un mensaje de madrugada

Carolina in My Mind (1968), de James Taylor: la nostalgia consigue sonar más bonita que las vacaciones

All I Have To Do Is Dream (1958) The Everly Brothers: soñar con la persona amada era mucho más barato que llamar por teléfono

Hoy, de Gloria Estefan (2003): un reencuentro puede sonar más emocionante que cualquier declaración de amor